“Tiempos de ruido”

A propósito de estos tiempos de ruido, hablemos de una de las grandes escritoras probablemente de las primeras mujeres que han escrito: Santa Teresa de Ávila. Y vamos a plantearnos: ¿Que nos aporta a la vida actual una mujer que por muy santa y sabia que haya sido, vivió en el Siglo XVI?

Santa Teresa de Jesús (1515–1582), conocida como Teresa la Grande, fue una monja carmelita, escritora, mística y reformadora religiosa nacida en Ávila, España. En una época de intensos cambios espirituales, lideró la reforma del Carmelo fundando la rama de los Carmelitas
Descalzos, junto a San Juan de la Cruz. Además de su legado teológico, fue una de las primeras mujeres en tener una gran aportación a la literatura española y universal. Su obra combina profundidad mística, agudeza psicológica y una prosa lírica que influenció generaciones. Textos como El Castillo Interior, Camino de Perfección y Libro de la Vida son pilares del Siglo de Oro y de la literatura espiritual. Su poesía, breve pero intensa, revela una confianza radical en Dios.

El poema “Nada te turbe” es uno de los más citados por su poder consolador y su ritmo oracional:

“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda.”
“Habitar el Castillo Interior: Santa Teresa de Ávila y el arte de la introspección en tiempos
de ruido”

Introducción

Hoy quiero invitarles a cruzar un umbral. No el de una iglesia ni el de una biblioteca, sino el de un castillo. Un castillo que no está en Ávila España, ni en América ni en los mapas, sino en el centro mismo de nuestra vida -si queremos llamarle, alma.

Santa Teresa de Jesús, mística, escritora y reformadora del siglo XVI, nos dejó una obra que no solo pertenece a la historia de la literatura española, sino también a la historia de la conciencia humana: El castillo interior, también conocido como Las moradas.

En un mundo como el nuestro — acelerado,  fragmentado, saturado de estímulos— esta obra resuena como un eco antiguo que, sin embargo, nos habla al oído con una ternura urgente: “Vuelve a ti. Habita tu centro. Allí te espera lo esencial.”

El alma como castillo: símbolo y mapa

Santa Teresa imagina el alma como un castillo de cristal, con muchas moradas. En el centro,
habita Dios. Pero para llegar allí, hay que atravesar pasillos, vencer resistencias, abrir puertas
interiores.

Cada morada representa un grado de profundidad espiritual. No se trata de subir, sino de entrar.
No de conquistar, sino de rendirse. No de acumular, sino de vaciarse.

Este castillo no es un lugar de perfección, sino de proceso. No es un refugio para huir del mundo,
sino un espacio para reencontrarse con lo que somos antes del ruido: deseo, vulnerabilidad, luz.

El lenguaje teresiano: claridad poética

Santa Teresa no escribe como teóloga escolástica, sino como mujer que ha vivido lo que dice. Su prosa es sencilla, cercana, llena de imágenes vivas: mariposas, fuentes, jardines, luces que ciegan, voces que acarician.

Habla como quien acompaña, no como quien impone. Como quien ha llorado, dudado, reído. Como quien sabe que el alma no se conquista con fórmulas, sino con amor.

Aplicaciones contemporáneas: del convento al cuerpo ¿Qué sentido tiene hoy hablar de moradas interiores?

Mucho. Porque vivimos en una época donde el exterior nos devora: redes sociales, productividad sin pausa, ansiedad disfrazada de éxito. Sin embargo, el alma —esa palabra que algunos temen por parecer anticuada— sigue pidiendo espacio.

El castillo interior puede ser leído hoy como una guía de autocuidado emocional. Cada morada puede traducirse en prácticas cotidianas:

Diálogo con la ficción sanadora

Como escritora y educadora, propongo que este castillo no solo se lea, sino que se narre. Que se convierta en estructura para cuentos, novelas, talleres.

Que cada morada sea un capítulo simbólico en la historia de un niño migrante, una madre agotada, un adolescente que busca su voz.

La literatura puede ser ese puente entre la mística y la vida cotidiana. Entre el alma y el aula. Entre el silencio y la palabra.

En conclusión, habitarse para habitar el mundo.

Santa Teresa no nos invita a huir del mundo, sino habitarlo desde otro lugar. Desde un centro que
no se compra ni se publica, pero que transforma todo lo que toca. En tiempos de ruido, habitar el
castillo interior es un acto de resistencia amorosa. Es decir: “yo no soy solo lo que produzco, ni
lo que muestro, ni lo que temen de mí. Soy un alma construyéndose día a día mientras realiza el
camino. Y ese camino lo comienzo hoy.”

Luccia Lozano, 2025.

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